freinademetz151. Sacerdote diocesano 

José Freinademetz nació el 15 de abril de 1852 en Oies, un pequeño paraje entre los Alpes del norte de Italia, zona que en aquel entonces era llamada “Tirol del Sur” y formaba parte del imperio austro-húngaro.

Bautizado el mismo día de su nacimiento, en la iglesia parroquial de Badia, heredó de su familia una fe sencilla pero tenaz, y una gran laboriosidad.

Los dos primeros años de escuela primaria los hizo en el pueblo; con 10 años se trasladó a Bressanone donde cursó los últimos años de primaria en idioma alemán y el liceo clásico.

En 1872 entró en el seminario mayor diocesano de Bressanone donde completó los estudios teológicos. Fue durante estos años de formación que José comenzó a pensar seriamente en la posibilidad misionera. Sin embargo, el 25 de julio de 1875 fue ordenado sacerdote y destinado a la comunidad de San Martín de Badia, primer lugar de su actividad sacerdotal. Humilde, celoso, rico en humanidad, transparente y sincero, pronto se ganó el corazón de todos.

2. La vocación misionera

 Llevaba apenas dos años de servicio como cooperador en San Martín, cuando se dirigió al P. Arnoldo Janssen, fundador y rector del nuevo Instituto Misionero del Verbo Divino, fundado el 8 de septiembre de 1875. Pidió ser admitido en la casa misionera de Steyl (Holanda) como aspirante misionero.

El P. Arnoldo, regresando de Roma, se encontró en Bressanone con el capellán Freinademetz y los dos fueron recibidos por Mons. Vincenzo Gasser, Obispo de aquella Diócesis. Freinademetz pidió se le concediese dejar su puesto en la Diócesis para ingresar en la recién fundada Congregación misionera. Vale la pena recordar la respuesta del Obispo Gasser: “El Obispo de Bressanone dice no, pero el Obispo católico dice sí. Llévese a mi hijo Freinademetz y haga de él un valiente misionero”. (F. Bornemann, Giuseppe Freinademetz, Ed. EMI ’75, pág. 38).

En agosto de 1878, Don José llegó a la modesta casa de Steyl que el P. Janssen había comprado para acoger al primer núcleo de los misioneros del Verbo Divino. No permaneció mucho tiempo, pues pronto obtuvo el permiso para ir a China. El 2 de marzo de 1879 recibió la cruz misional de manos del Nuncio Apostólico en Holanda y con él la recibió el P. Juan Bautista Anzer. Ese mismo día salieron de Steyl y después de 5 semanas desembarcaron en Hong Kong.

3. Misionero en la tierra de Confucio

Mons. Raimondi del PIME (Pontificio Istituto Missioni Estere di Milano) acogió en Hong Kong a los dos primeros misioneros del Verbo Divino (Freinademetz y Anzer), el P. Freinademetz, bajo la guía del P. Piazzoli, se inició como misionero ambulante.

Después de dos años la Congregación de Propaganda Fide encomendó a los dos misioneros del Verbo Divino la parte meridional de la provincia Shantung que contaba con 12 millones de habitantes y sólo 158 bautizados.

El P. Freinademetz quiso aprender el chino a la perfección; pero ante todo, trató de llegar al corazón de la gente, entrar en sus problemas, usar comparaciones y ejemplos sencillos, comer y vestir como ellos. “… Amo la China y los chinos y desearía morir mil veces por ellos -escribía-. Ahora que no tengo tantas dificultades con el idioma y que conozco la gente y sus costumbres, considero la China como mi patria, como mi campo de batalla donde deseo morir”. (carta del 22 de marzo de 1886 a los padres).

Fueron años duros para él: viajes largos y difíciles, asaltos de bandoleros que lo despojaron de todo. El P. Freinademetz fue encargado de iniciar y formar las primeras comunidades en zonas todavía totalmente paganas. En la labor de la primera evangelización comprometía a los catecúmenos y neo-bautizados. Una vez que la comunidad estaba encaminada, llegaba la orden del Obispo: ‘deja todo y ve a otro sitio a fundar nuevas comunidades’.

Muy pronto captó la importancia del papel que podían desempeñar en la tares de la primera evangelización los laicos comprometidos, sobre todo los catequistas. Los quería firmes en la fe y de costumbres irreprensibles, verdaderos ejemplos en medio del pueblo. Para ellos preparó un manual catequético en chino.

El P. José y el Obispo Anzer daban gran importancia a que cada comunidad tuviese sólidas bases y, desde el principio, trataron de formar y cuidar un clero chino. Se comenzó en la estación central de Puoli de donde más tarde saldría Tomás Tien, del Verbo Divino, primer cardenal chino.

El P. Freinademetz consideró siempre la atención espiritual a los misioneros de capital importancia, “cuidar el alma del cuidador de almas” (Relación del Capítulo Provincial, 22 de agosto de 1892, pág. 97), como él la llamaba. En esta tarea le fueron de ayuda también los cargos que ocupó: fue administrador de la misión; rector del seminario; director espiritual del primer grupo de sacerdotes chinos; superior provincial. Ejerció siempre su autoridad como un hermano mayor, respetado más por su ejemplo y testimonio de vida que por el cargo en sí.

Si se interesó por la atención espiritual de los misioneros, no menos importancia dio a su formación y a su puesta al día en teología y pastoral. “El progreso de los misioneros -decía- significa progreso de la misión” (Relación del Capítulo Provincial, 22 de agosto de 1892, pág. 97).

Desempeñó varios cargos como superior, sin embargo, lo que le importaba, era ser un hermano mayor que habla con su ejemplo y con su vida más que con la ley. De él escribió el Cardenal Tien, alumno suyo en el seminario: “… para nosotros que podíamos observarlo, era siempre una experiencia extraordinaria verlo rezar. La imagen de este sacerdote arrodillado quedó imborrable en mi memoria”. (Giacomo Reuter, Giuseppe Freinademetz, pág. 52 – entrevista al Cardenal Tien con ocasión del 50º aniversario de la muerte de Freinademetz).

4. Dificultades y penalidades

Desde el principio el P. Freinademetz trató de inculturarse en la difícil cultura china. Lo consiguió sólo al final de su vida.

Toda su vida estuvo marcada por el esfuerzo de hacerse chino entre los chinos, al punto de escribir a sus familiares: “Yo amo la China y a los chinos; en medio ellos quiero morir, y entre ellos ser sepultado”.

Como misionero nunca se amilanó ante los muchos compromisos. El trabajo incesante, sin embargo, y las privaciones, con los años, hicieron mella en su físico esbelto y robusto. En 1898 apareció la enfermedad de la laringe y también en los pulmones se detectó un principio de tisis. Cediendo a las insistencias del Obispo y de los cohermanos se trasladó por breve tiempo al Japón, cerca de Nagasaki, en busca de salud. Regresó algo restablecido, pero, ciertamente, no sano. La región donde residió y recibió atención médica es la misma zona donde vive actualmente la familia del joven Jun Yamada, que en 1987, fue curado completamente de “leucemia aguda del tipo M2”, por la intercesión del Beato José Freinademetz.

En 1900, después de 20 años de ininterrumpida labor en China, el P. Janssen, con motivo del veinticinco aniversario de la fundación de la Congregación, lo invitó a Steyl para participar en las celebraciones conmemorativas. Freinademetz, sin embargo, rechazó, cortés pero firmemente, regresar a Europa. Era el tiempo de la lucha de los “Boxer” contra los europeos. Prefirió permanecer junto a sus cristianos y sufrir con ellos.

En el cúlmen del peligro, cuando los otros misioneros, siguiendo la orden de las autoridades eclesiásticas, se refugiaron en el puerto de Tsingtau bajo protección alemana, el P. Freinademetz, después de un día de viaje, ordenó dar vuelta al carro y, con un Hermano, regresó a Puoli para estar entre sus cristianos, consciente del peligro al que se exponía.

Más tarde escribió:

 “Vuestro hermano José, lo creíais muerto, pero vive todavía… El año pasado, ciertamente, me faltó poco para ir a reunirme con nuestros buenos padres, fallecidos hace ya muchos años. Tantas veces corrí el peligro de morir y ser asesinado; una vez tuve que huir a media noche por caminos desconocidos, pues venían ya para asesinarme; otra vez los soldados estaban listos para matarme; el mandarín suplicó tanto que al final me dejaron con vida”. (carta del 6 de julio de 1901 a los hermanos y hermanas).

A pesar de todo, nunca abandonó a sus cristianos.

 

Compártelo: