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 Un grupo de alumnos del Colegio del Verbo Divino que se graduaban en Diciembre de 1972, se sintieron muy motivados para dar durante las vacaciones de verano algún testimonio práctico de su fe y de su compromiso con Jesucristo por medio de un servicio a la Iglesia en algún lugar donde hubiera alguna notoria necesidad. Esta fue la primera “misión de verano”, que se realizó en Catrico, un lugar del extendido sector rural de la parroquia de Villarrica en la IX Región durante dos semanas de enero de 1973. La experiencia se repitió en los años subsiguientes con grupos cada vez más numerosos de alumnos de 3º y 4º Medio monitoreados por algunos exalumnos, pero ahora centrándose en la parroquia de Puerto Domínguez, diócesis de Villarrica, de población muy mayoritariamente mapuche. Allí nos acogió y guió el Padre Juan Wevering, un sacerdote diocesano alemán de ya larga estadía en el lugar y profundamente comprometido con el servicio al pueblo mapuche que vivía en condiciones de gran marginalidad y pobreza. De estas experiencias brotó el compromiso de nuestra provincia SVD con el pueblo mapuche que se ha desarrollado tanto en el Sur como en Santiago. 

En 1983 uno de esos ex -misioneros de verano, Ricardo Musalem Bendek, que había hecho amistad con la familia Calfuqueo  Lefío emigrada a Santiago, me pidió como padrino bautizarle a un niño ahijado suyo. De aquí brotó un pequeño grupo de familiares y amigos que empezamos a reunirnos una vez al mes en el Seminario del Verbo Divino en La Florida. En ese tiempo la presencia mapuche en Santiago estaba muy invisibilizada y la discriminación era muy notoria. El grupo creció como una comunidad de base mapuche católica, se dio el nombre de “Lelfünche” (=gente del campo) y se estructuró con una directiva en la que todos los cargos y el derecho a voto eran privativos de los miembros mapuches. Los demás (como yo mismo, Ricardo Musalem y otros) pasamos a ser “socios colaboradores”. La experiencia nos mostró con el tiempo que varios de los que se incorporaban al grupo no lo hacían movidos por la fe católica sino más bien por la necesidad de poder estar entre mapuches. Esto llevó a separar la celebración litúrgica de las actividades específicamente mapuches donde la adhesión religiosa de las personas no marcara diferencia. En 1992 se realizó un censo nacional y produjo gran impacto en todo   Chile y muy fuerte en Santiago, el dato consignado en ese censo de que la población mapuche en Chile sumaba alrededor de 1.300.000 con más de 400.000 en Santiago. En ningún censo anterior se había consignado la pertenencia étnica. A consecuencia de esto yo solicité a mis superiores que me permitieran dedicarme en exclusiva a ver cómo atender a estas personas, que según el censo se declaraban más del 60% pertenecientes a la Iglesia Católica. Me trasladé a vivir a Cerro Navia porque era una de las tres comunas con mayor densidad de población mapuche.     

 Al lado del Padre Paulo Becker que atendía las pastoral  general del sector yo instalé en 1995 con Ramón Curivil como secretario, una oficina de “Pastoral Mapuche” sin tener ninguna claridad acerca de en qué podía consistir este pretendido servicio pastoral. Los años nos fueron mostrando con bastante claridad que las necesidades a las que podíamos responder apuntaban en cuatro direcciones:

 1. Hacia los mapuches católicos se trataba de ayudarles a reconocer que todo lo que traían como herencia de sus mayores era un tesoro que debían valorar y , como les había dicho Juan Pablo II en su visita a Chile ocho años antes, debían trasmitirlo a sus hijos y así enriquecer a la Iglesia y a toda la nación. Muchos mapuches al acercarse a la fe cristiana y a la Iglesia tendían a proceder justamente al contrario y llevaban un dolor interno, una herida que era necesario sanar causada por la necesidad de romper con sus raíces y por el trato humillante que frecuentemente tenían que sufrir precisamente “ser indios”.

En esto fue fundamental formar comunidades alrededor de la Eucaristía lo más “mapuchizada” posible y visitar mucho a las familias. Al lado de ese trabajo en Cerro Navia seguía la experiencia con Lelfünche en La Florida.

 2. Hacia el pueblo mapuche en general vimos que podíamos prestar apoyo a iniciativas propias de ellos en un momento en que va tomando cuerpo un proceso de recuperación de identidad de los pueblos indígenas en toda América. A partir del Vaticano II y el pontificado de Paulo VI y a través de los encuentros de los obispos del Continente desde Puebla hasta Aparecida la Iglesia ha respaldado este desarrollo y nuestra pastoral encontró caminos para prestar ayudas muy concretas como fue la resolución del Consejo Provincial del 25 de Marzo de 1992 de entregar 3 hectáreas del terreno del seminario en La Florida a la Comunidad Lelfünche para actividades culturales, recreativas y religiosas específicamente mapuches propias o también de otros grupos de todo Santiago. De muchas proyecciones fue también apoyar económicamente a un grupo de 5 comunicadores mapuches que han podido mantener un programa radial de una hora diaria durante 12 años. Más detalles de éstas y otras varias actividades las ofrecemos en otro sector de este informativo.

 3. Pronto se mostró que había otro frente de trabajo indispensable, que era encarar el increíble desconocimiento reinante dentro del mundo no-mapuche acerca de la historia y la realidad indígena. Es un desconocimiento lleno de prejuicios, información torcida y superficial que hace muy difícil al no-mapuche ver lo que hay dentro de todo el esfuerzo mapuche por recuperar lo suyo y tender lazos para una convivencia de valoración y respeto mutuos. Para eso aprovechamos todas las oportunidades para hablar en colegios, foros, entrevistas y conversaciones particulares. También actividades culturales en que los mapuches puedan exponer libre y respetuosamente su realidad.

 4. Lo anterior tiene un peso muy especial para la situación dentro del ámbito de la Iglesia. A pesar de que el IX Sínodo de Santiago bajo Mons. Oviedo declaró en el nº516 de su documento final: “Instamos a defender la identidad de las culturas indígenas, respetando en su proceso evangelizador sus características culturales y sus raíces étnicas” y a pesar de que en muchas parroquias, especialmente de periferia, abundan los apellidos mapuches en los libros de bautizos nunca se ha tenido en Santiago algo semejante a la parroquia alemana o italiana, donde las personas pertenecientes a esos grupos humanos se sientan particularmente acogidas. Por eso hemos incorporado dentro de nuestra línea de actividades los contactos con el clero y agentes pastorales a través de los cursos de verano, encuentros del Área del Laicado, hemos podido dirigirnos a veces al clero en las reuniones de vicariatos, alguna vez hemos tenido acceso a la facultad de teología de las Universidades Católicas Pontificia y Silva Henríquez. Algunos párrocos nos han abierto las puertas, pero ninguno de los sacerdotes mapuches que hemos contactado aquí en Santiago.

Es un campo muy variado y que presenta muchos desafíos. Ojalá nuestro equipo pudiera contar con más personas bien motivadas.

Por ahora estoy yo, Padre Luis Manuel Rodríguez, a la cabeza de un equipo compuesto además por la Srta. Verónica Pérez, Secretaria Ejecutiva desde el primer año de este apostolado. Era parte muy importante el Padre Francisco Belec, canadiense, miembro de los misioneros de Quebec (SME), con más de treinta años de servicio al pueblo mapuche en Chile, pero desgraciadamente la salud lo obligó el año pasado a volver a su patria.

Nos dejó como un valioso apoyo a una Misionera Laica salvadoreña del SME, Frida Erazo. Recientemente, pero compartiendo su tiempo con la labor de formador, se nos ha integrado el Padre Roberto Díaz, con mucha experiencia pastoral y pilas recién cargadas. Hay otros amigos que sería largo enumerar, pero quizás lo más importante es que van surgiendo líderes mapuches, hombres y mujeres, que van asumiendo tareas y que esperamos, con el tiempo, podrán ser ellos los verdaderos protagonistas de esta pastoral.

 La Provincia Chilena ha mantenido un compromiso constante con esta pastoral, a veces abriéndonos puertas o participando en algunas actividades y apoyándonos con Seminaristas.

 Con cariño: 

Luis Manuel Rodríguez Tupper SVD
Encargado de la Pastoral Mapuche de Santiago
17 de Junio del 2016

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