DOMINGO 5° DE PASCUA

 

Permanezcan en mí, como yo en ustedes

 Jesús dijo: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Ustedes están ya limpios gracias a la palabra que les he dicho. Permanezcan en mí, como yo en ustedes. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. La gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos. (Juan 15,1-8)

 

Referencias bíblicas

– Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. (Isaías 5,1-2)

– Yo te había plantado de cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te has mudado en sarmiento de vid bastarda? (Jeremías 2,21)

– Él les respondió: Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. (Mateo 15,13)

– Pues antes de la siega, al acabar la floración, cuando su fruto en cierne comience a madurar, cortará los sarmientos con la podadera y los pámpanos viciosos arrancará y podará. (Isaías 18,5)

– Jesús le dice: El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos. (Juan 13,10)

– En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. (Juan 3,11)

– El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. (Juan 6,56-57)

– No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los conceda. (Juan 15,16)

– Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1,3-4)

– Por eso, así dice el Señor Yahvé: Lo mismo que el leño de la vid, entre los árboles del bosque, al cual he arrojado al fuego para que lo devore, así he entregado a los habitantes de Jerusalén. (Ezequiel 15,6)

– Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. (Mateo 3,10)

– Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recojan primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. (Mateo 13,30.40)

– Y todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (Juan 14,13)

– Esta es la confianza plena que tenemos en él: que, si le pedimos algo según su voluntad,

nos escucha. (1 Juan 5,14)

– Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (Mateo 5,16)

 

Comentario

El tema central del evangelio se refiere a la relación especial que se produce entre Jesús y sus discípulos, a través de la experiencia de la fe. El texto se encuentra en la mitad del discurso de despedida de Jesús, que empieza en el capítulo 13 del evangelio de Juan. El autor del evangelio recurre a la forma literaria de la comparación para tratar de explicar esa relación vital tan particular que se da entre Jesús y sus discípulos. El contenido de la comparación está centrado en la imagen de la vid y los sarmientos. Este es un símbolo bíblico utilizado frecuentemente en la Sagrada Escritura, para designar la relación entre Dios y su pueblo Israel. Pero, en el evangelio es Jesús quien ocupa un lugar central, pues de su aceptación dependerá que surja una nueva vida en las personas. En este contexto, aparecen las características distintivas de los verdaderos discípulos de Jesús, en forma de una serie de recomendaciones prácticas que les hace el propio Jesús para su vida. Entre ellas, conviene destacar las siguientes: Escuchar la palabra, pedir lo necesario, dar mucho fruto y manifestarse como discípulos.

 

En un texto tan breve, llama la atención la utilización del verbo permanecer en ocho oportunidades, con lo que la expresión se transforma en clave para la comprensión del texto evangélico. La palabra permanecer aparece una vez en la fórmula si mis palabras permanecen en ustedes, tres veces está en la fórmula permanezcan en mi amor y cuatro veces está relacionada con la expresión permanezcan unidos a mí. En todos los casos, la expresión permanecer se refiere a una relación personal estable y profunda, que tiene muchas consecuencias para la vida práctica del creyente en Jesús. La fe en Jesús implica aceptar con alegría el mensaje salvador de Jesús y establecer una relación personal con él en la existencia concreta de cada persona. Es un a su persona, a su mensaje y a su presencia en el momento actual de la historia. Todo esto quiso expresar el autor del evangelio de Juan con la afirmación de Jesús: Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. La fe en Jesús, como Señor y Salvador, producía una nueva realidad espiritual, caracterizada por la identificación total del creyente con el propio Jesús.

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