DOMINGO 4° DE PASCUA

 

Para que tengan vida en abundancia

 

En verdad, en verdad les digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Juan 10,1-10)

 

REFERENCIAS BÍBLICAS

 

– La palabra de Yahvé se dirigió a mí en estos términos: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores: Así dice el Señor Yahvé: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Ustedes se han tomado la leche, se han vestido con la lana, han sacrificado las ovejas más pingües; no han apacentado el rebaño. No han fortalecido a las ovejas débiles, no han cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no han tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las han dominado con violencia y dureza. Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas. Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca. (Ezequiel 34,1-6)

– Por eso, pastores, escuchen la palabra de Yahvé: Por mi vida, oráculo del Señor Yahvé, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño; por eso, pastores, escuchen la palabra de Yahvé. Así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más su presa. (Ezequiel 34,7-10)

– Porque así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra. Las apacentaré en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahvé. Buscaré la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; pero a la que está gorda y robusta la exterminaré; las pastorearé con justicia. (Ezequiel 34,11-16)

– ¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos!, oráculo de Yahvé. Así dice Yahvé, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: Ustedes han dispersado las ovejas mías, las empujaron y no las atendieron. Pues voy a pasarles revista por sus malas obras, oráculo de Yahvé. Yo recogeré el Resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar a sus pastos, criarán y se multiplicarán. Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna, oráculo de Yahvé. (Jeremías 23,1-3)

– Jesús le dice por segunda vez: Simón de Juan, ¿me amas? Le dice él: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: Apacienta mis ovejas. Le dice por tercera vez: Simón de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez y le dijo: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: Apacienta mis ovejas. (Juan 21,16-17)

– El que abre camino subirá delante de ellos; abrirán camino, pasarán la puerta, y por ella saldrán; su rey pasará delante de ellos, y Yahvé a la cabeza. (Miqueas 2,13)

– Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Juan 3,17)

– Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre. (Salmo 23,1-3)

– Por los caminos pacerán y en todos los calveros tendrán pasto. No tendrán hambre ni sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiará. (Isaías 49,10)

– ¡Ay del pastor inútil que abandona a las ovejas! ¡Espada contra su brazo, contra su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, que del todo se ciegue su ojo! (Zacarías 11,17)

– Oigan la palabra de Yahvé, naciones, y anuncien por las islas a lo lejos, y digan: El que dispersó a Israel lo reunirá y lo guardará cual un pastor su hato. (Jeremías 31,10)

– Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. (Juan 3,16)

– Ustedes investigan las Escrituras, ya que creen tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y ustedes no quieren venir a mí para tener vida. (Juan 5,39-40)

– Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Les dijo Jesús: Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. (Juan 6,33.35)

– Yo soy el pan de vida. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. (Juan 6,48.51)

 

COMENTARIO

 

La quinta sección de la primera parte del Evangelio de Juan se encuentra en el contexto de la celebración en Jerusalén de la fiesta de la dedicación del templo. Era la ocasión en que se purificaba y se consagraba el templo de Jerusalén, que había sido saqueado y profanado en la época del rey seléucida Antíoco IV (175 y 164 AC). Resultaba irónico que ahora los propios judíos adversarios de Jesús, al perseguirlo y acosarlo, estaban a punto de profanar a la persona que había sido enviada por el mismo Dios. Esta quinta sección del libro de los signos del Evangelio de Juan (9,1-10,42) lleva como título Jesús es luz en la vida y tiene cuatro partes: 1. Sexto signo: El ciego de nacimiento (9,1-12); 2. Controversia: Primera investigación de los fariseos (9,13-23); 3. Controversia: Segunda investigación de los fariseos (9,24-41); 4. Discurso: El buen pastor (10,1-21); 5. Controversia: Identidad de Jesús (10,22-42).

 

El evangelio de la vida en abundancia (Juan 10,1-10) forma parte del discurso del buen Pastor. La curación de un ciego de nacimiento en día sábado había provocado gran revuelo entre sus conocidos y los fariseos. Éstos hicieron dos investigaciones para aclarar lo sucedido, incluyendo un interrogatorio a los padres del ciego. Jesús dijo a los fariseos que ellos creían ver, pero que en realidad estaban completamente ciegos. Por eso, no estaban en condiciones de cumplir la misión de ser verdaderos pastores. Jesús se presentó como el buen pastor de su pueblo, lo que también provocó una polémica y la exigencia de que se identificara. Hubo un intento de apedrearlo porque siendo hombre se presentaba como Dios. Al final, intentaron detenerlo, pero Jesús se les escapó. El evangelio está fuertemente marcado por la confrontación de Jesús con sus adversarios. En el evangelio, Jesús asumió plenamente la identidad de verdadero Pastor de su pueblo, ubicándose en una perspectiva presente en el AT, cuando Yahvé se presentaba como el Pastor de Israel. Así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. (Ezequiel 34,11)

 

El texto del evangelio sobre la vida en abundancia (10,1-10) es sólo la primera parte del discurso del buen Pastor (10,1-21). Esta primera parte contiene una parábola sobre el verdadero pastor de las ovejas (10,1-5), la reacción de los fariseos que no comprendieron la parábola (10,6) y el inicio del discurso como tal (10,7-10). 1. Parábola del pastor de las ovejas (10,1-5). La parábola se refiere a dos tipos de pastores: los que se preocupaban realmente de las ovejas y los que no lo hacían, sino más bien se aprovechaban de ellas. Las ovejas escuchaban y reconocían la voz de su verdadero pastor; por el contrario, ellas huían de los pastores extraños. 2. Reacción de los fariseos (10,6). El evangelio destaca que Jesús dirigió la parábola anterior a los fariseos, pero que ellos no se dieron por aludidos. 3. Inicio del discurso (10,7-10). Lo anterior, motivó el discurso del buen Pastor. Los falsos pastores eran ladrones y salteadores, que habían venido a robar, matar y destruir; por eso, las ovejas no les habían escuchado. Por el contrario, Jesús se identificó como la puerta de las ovejas, que garantizaba seguridad y vida. Una sentencia de sabiduría profética concluye el relato: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

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