JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

A mí me lo hicieron

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y acudieron a mí. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y acudimos a ti? Y el Rey les dirá: En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron. Entonces dirá también a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me acogieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron. Entonces dirán también éstos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Y él entonces les responderá: En verdad les digo que cuanto dejaron de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejaron de hacerlo. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. (Mateo 25,31-46)

 

REFERENCIAS BÍBLICAS

 

– ¡Cielos, exulten con él, y adórenle los hijos de Dios! ¡Aclámenlo, naciones, con su pueblo, y todos los mensajeros de Dios narren su fuerza! Porque él vengará la sangre de sus siervos, tomará venganza de sus adversarios, dará su pago a quienes le aborrecen y purificará el suelo de su pueblo. (Deuteronomio 32,43)

– Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. Pero tú ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú ¿por qué desprecias a tu hermano? En efecto, todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios. (Romanos 14,9-10)

– Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal. (2 Corintios 5,10)

– Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. (Mateo 16,27)

– Yo seguía mirando, y en la visión nocturna vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a un ser humano, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido. (Daniel 7,13-14)

– Y vendrá Yahvé mi Dios y todos los consagrados con él. (Zacarías 14,5)

– Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. Él enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. (Mateo 24,30-31)

– En cuanto a ustedes, ovejas mías, así dice el Señor Yahvé: He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío. (Ezequiel 34,17)

– El Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si hijos, también herederos de Dios y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también con él glorificados. (Romanos 8,16-17)

– Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. (Efesios 1,3-6)

– ¿No será éste el ayuno que yo elija?: deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados, y arrancar todo yugo. ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá. (Isaías 58,6-8)

– Nunca dormía en la calle el forastero, pues abría mis puertas al viajero. (Job 31,32)

– Tiende también tu mano al pobre, para que tu bendición sea completa. Sé generoso con todos los vivos, y a los muertos no les niegues tu piedad. No te retraigas ante los que lloran, y aflígete con los afligidos. No tardes en visitar al enfermo, que haciendo estas obras te harás querer. En todas tus acciones ten presente tu fin, y así jamás cometerás pecado. (Eclesiástico 7,32-36)

– Quien se apiada del pobre presta a Yahvé y recibirá su recompensa. (Proverbios 19,17)

– Pues así dice Yahvé Sebaot que tras la gloria me ha enviado a las naciones que los despojaron: El que toca a ustedes toca a la niña de mis ojos. (Zacarías 2,12)

– Quien a ustedes recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. (Mateo 10,40)

– Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. (Mateo 18,5)

– Quien a ustedes escucha, a mí me escucha; y quien a ustedes rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. (Lucas 10,16)

– Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Que, como yo los he amado, así se amen también ustedes los unos a los otros. En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se tienen amor los unos a los otros. (Juan 13,34-35)

– Él preguntó: ¿Quién eres, Señor? Yo soy Jesús, a quien tú persigues. (Hechos 9,5)

– Exigías sin razón prendas a tus hermanos, despojabas de su ropa al desnudo; no dabas de beber al sediento, privabas de pan al hambriento; como poderoso dueño de la tierra, como privilegiado habitante de ella, despedías a las viudas de vacío, destrozabas los brazos de los huérfanos. (Job 22,6-9)

– Muchos de los que descansan en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para vergüenza y horror eternos. Los maestros brillarán como el resplandor del firmamento y los que enseñaron a muchos a ser justos, como las estrellas para siempre. (Daniel 12,2-3)

– No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. (Juan 5,28-29)

 

COMENTARIO

 

El evangelio corresponde a la conclusión del quinto y último gran discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. En este discurso, el evangelista se refiere a la segunda venida de Jesús en gloria y majestad al final de los tiempos y su culminación consiste en un impresionante relato sobre el juicio final. Tal como en las tres parábolas que lo anteceden, la del mayordomo (24,45-51), la de las diez vírgenes (25,1-13) y la de los talentos (25,14-30), en la parábola del juicio final (25,31-46) aparecen también dos grupos de personas, cuyas conductas y actitudes ante la persona de Jesús son claramente confrontadas. Mientras las tres parábolas anteriores concluían con una exhortación a estar atentos y vigilantes, pues el Señor podía llegar en cualquier momento, en la actual parábola ya había llegado la hora de la verdad de esa venida del Señor y era el momento de hacer un balance final.

La forma literaria del relato se parece mucho a las visiones proféticas del Antiguo Testamento. Empieza con una breve introducción, que utiliza una expresiva imagen del Hijo del hombre sentado en su trono de gloria, rodeado de los ángeles del cielo y juzgando a todos los pueblos del mundo. Sin embargo, de inmediato el relato asumió un contenido muy concreto y relacionado con la vida diaria de lo que sucedía en el mundo. Aparecieron dos grupos de personas, con los cuales el protagonista sostuvo un interesante diálogo. A un lado estaban los que podrían ingresar al reino de Dios por haber creído en el mandamiento del amor y por haberlo practicado. Al otro lado, estaban los que no podrían estar junto a Dios para siempre, por no haber creído en el proyecto salvador de Dios y por no haber hecho realidad el amor, que era su contenido fundamental. La actitud de un amor práctico y comprometido sería el único criterio de separación entre los dos grupos. En la parábola, llama mucho la atención la sorpresa de todos los afectados, pues ninguno recordaba haber tenido u omitido un gesto de compasión dirigido expresamente hacia Jesús. Unos, en el mejor de los casos, podrían haber recordado alguna acción de ayuda que realizaron a una persona necesitada. Otros, seguramente ni se dieron cuenta de haber pasado de largo ante alguien que requería de un apoyo material o espiritual. Pero, la parábola señala, con mucha claridad, que lo decisivo sería la actitud diaria ante las personas necesitadas, que aparecían representadas concretamente por seis grupos: los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Lo que se había hecho con ellos, se había hecho con el propio Jesús. Había una identidad completa entre Jesús y todos los necesitados del mundo. Esta realidad sería decisiva y determinaría el resultado definitivo del juicio universal.

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