DOMINGO 26° TIEMPO ORDINARIO

 

Ellos llegan antes al Reino

Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña. Y él respondió: No quiero, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: Voy, Señor, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? -El primero- le dicen. Jesús les dice: En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él. (Mateo 21,28-32)

 

REFERENCIAS BÍBLICAS

 – Dijo: Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. (Lucas 15,11-13)

– Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo, él envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: A mi hijo le respetarán. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia. Y, agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le dicen: A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo. (Mateo 21,33-41)

– Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos. Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, le aplastará. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta. (Mateo 21,43-46)

– A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias. En cambio, el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador! Les digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado. (Lucas 18,9-14)

– Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: Ustedes son los que se las dan de justos delante de los hombres, pero Dios conoce sus corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios. (Lucas 16,14-15)

– Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos. (Mateo 6,1)

– ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, pues son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también ustedes, por fuera aparecen justos ante los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad. (Mateo 23,27-28)

– Les digo: No hay, entre los nacidos de mujer, ninguno mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él. Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, y se hicieron bautizar con el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar su bautismo, frustraron el plan de Dios sobre ellos. (Lucas 7,28-30)

– Yo camino por sendas de justicia, a través de senderos rectos. (Proverbios 8,20)

– En la senda de la justicia está la vida, el camino de la impiedad lleva a la muerte. (Proverbios 12,28)

– El que busca justicia y bondad encontrará vida y gloria. (Proverbios 21,21)

– Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. (Mateo 5,6)

– Un fariseo le rogó que comiera con él y, entrando en su casa, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en esa casa, llevó un frasco de perfume y, poniéndose a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo, el fariseo se decía: Si éste fuera profeta, sabría qué clase de mujer le está tocando, pues es pecadora. Jesús le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: Has juzgado bien. Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. Y le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. Los comensales empezaron a decirse: ¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados? Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz. (Lucas 7,36-50)

– Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa. Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más. Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. (Lucas 19,1-10)

 

COMENTARIO

 El quinto libro del evangelio de Mateo (19,1-25,46) trata sobre la llegada definitiva del Reino de Dios. La primera parte es narrativa (19,1-22,46) y desarrolla el tema de que el Reino de Dios es para todos. El evangelio sobre la parábola de los dos hijos (Mateo 21,28-32), se encuentra en el contexto de esta primera parte narrativa. La segunda parte del quinto libro es discursiva (23,1-25,46) y contiene el discurso escatológico; su mensaje se refiere a la vigilancia ante el futuro del reino, destacando la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo.

La parábola de los dos hijos empieza con una pregunta provocativa: ¿qué les parece? Está dirigida a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que se encontraban en el templo. Ellos habían cuestionado públicamente a Jesús, preguntándole con qué autoridad hacía lo que hacía y decía lo que enseñaba. La respuesta de Jesús está en esta parábola. Un hijo había dicho a su padre que iba a trabajar a la viña, pero después se arrepintió y en definitiva no fue al campo. Él representaba a los sacerdotes y a los ancianos, que habían aceptado la ley de Moisés, pero habían rechazado a Juan Bautista, el más reciente enviado de Dios a predicar la conversión. El otro hijo se negó a ir a trabajar en la viña, pero después recapacitó y terminó yendo al campo. Él representaba a los pecadores, que habían inicialmente rechazado la invitación de Dios, pero, en definitiva, habían acogido el llamado de Juan Bautista. Estas personas habían cumplido realmente la voluntad del Padre.

La parábola contiene un fuerte rechazo a las autoridades religiosas de la época, porque no habían estado a la altura de lo que Dios esperaba de ellas. Sin embargo, lo que más les debe haber molestado es lo que aparece al final. Los publicanos y las prostitutas, considerados pecadores profesionales y como tales excluidos de la salvación, llegarían antes que ellos al Reino de Dios. Los sacerdotes y los ancianos seguían estando invitados a acoger el llamado que Jesús les hacía de parte de Dios. Pero los pecadores, a quienes ellos despreciaban y marginaban, tendrían un lugar preferente en el reino, pues habían escuchado y aceptado el mensaje de Dios, reconociéndose pecadores y necesitados de salvación. Los sacerdotes y los ancianos ya se creían salvados, porque estaban seguros de estar cumpliendo la ley; Dios tenía que darles un premio. Mientras que los pecadores sólo estaban conscientes de que no tenían derecho a nada, salvo a recibir con alegría en su corazón la extraordinaria misericordia de Dios.

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