DOMINGO 3° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Ellos le siguieron

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: Vengan conmigo, y los haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él. (Marcos 1,14-20)

 

Referencias bíblicas

– Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaún junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado. (Mateo 4,12-13. 17)

– Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. (Lucas 4,14-15)

– Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios. (Romanos 1,1)

– Por aquellos días se presenta Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mateo 3,1-2)

– Al verlo, Simón Pedro cayó de rodillas diciendo: Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron. (Lucas 5,8-11)

– Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: Sígueme. Él se levantó y le siguió. (Marcos 2,14)

– Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme. Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. (Mateo 19,21-22)

– Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues? Jesús les dijo: Yo les aseguro que ustedes que me han seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, se sentarán también ustedes en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros. (Mateo 19,27-30)

– A Yahvé su Dios seguirán y a él temerán, guardarán sus mandamientos y escucharán su voz, a él servirán y a él se apegarán. (Deuteronomio 13,5)

– Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (Mateo 16,24)

 

Comentario

De acuerdo con el evangelio de Marcos, Jesús inició su predicación en Galilea, después que Juan Bautista fuera detenido y encarcelado por las autoridades que no habían aceptado su mensaje de conversión en el río Jordán. La acción de Jesús giró en torno al pueblo de Cafarnaúm, que significa la aldea del consuelo y que se encuentra junto al lago de Tiberíades, también conocido como lago de Genesaret. Allí Jesús llamó a sus primeros discípulos, para que lo acompañaran en su misión; además, se relacionó especialmente con el pueblo, que tuvo una reacción de sorpresa y admiración; finalmente, tuvo también contacto con los líderes religiosos judíos, que lo empezaron a hostigar y, muy pronto, decidieron eliminarlo.  

El contenido de la primera intervención de Jesús fue: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva. La expresión Reino de Dios era un elemento característico de la expectativa mesiánica que existía en el pueblo de Israel. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: Ya reina tu Dios! (Isaías 52,7) En boca de Jesús, este anuncio de una buena nueva significaba que él asumía la esperanza de salvación del pueblo y que se identificaba con quien iniciaba una nueva realidad en la historia de la humanidad. Dios le había encargado anunciar que él era un padre bueno y que se preocuparía de todas las personas que necesitaran de su amor. Convertirse y creer en la buena nueva eran las únicas exigencias para que este proceso liberador empezara a funcionar. La conversión implicaba un cambio de orientación en la vida, para que un encuentro real y personal con Dios fuera posible. La fe consistía en una actitud de confianza plena en Dios; ella permitiría que Dios salvara y produjera cambios significativos en la vida de todas las personas.

Estas dos actitudes de la conversión y la fe aparecen con claridad en el relato del llamado de los primeros discípulos. Jesús los convocó para que se convirtieran en pescadores de hombres, es decir, para que cumplieran una misión especial al servicio de todas las personas. La vocación de los discípulos es presentada como una respuesta a una llamada categórica, que implicaba un seguimiento de Jesús. La respuesta positiva al llamado significaba encontrarse con alguien que era capaz de darle un nuevo sentido a la vida a través de la fe. Es muy importante tener esto presente, considerando que la vocación de todos los cristianos sigue este mismo modelo, primero de un cambio interior y luego de una adhesión personal a Jesús por la fe.

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