Historia de la Comisón de Justicia y Paz

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Historia de la Comisión de Justicia y Paz
La Iglesia Católica es profundamente interpelada para trabajar por la Justicia y la Paz en el mundo. Con el fin de ayudar a los católicos en su trabajo por la Justicia y la Paz, la Iglesia establece comisiones nacionales de Justicia y Paz. Después del Concilio Vaticano II se estableció la Comisión Pontificia de Justicia y Paz.

El Concilio Vaticano Segundo tuvo lugar entre 1962 y 1965. Asistieron los obispos de todo el mundo, unos pocos laicos católicos y muchos teólogos. El objetivo del Vaticano II fue poner al día a la Iglesia y dar respuesta a los temas del mundo moderno. El Papa Juan XXIII dijo, “Con este Concilio queremos abrir las ventanas de modo que el mundo pueda entrar y la Iglesia pueda salir”. Durante el Vaticano II, los obispos decidieron que la Iglesia debía estar más involucrada con el mundo. Necesitaba mirar hacia el mundo y comprender lo que en él estaba sucediendo, para poder trabajar por la justicia y la paz a nivel global. Por esto, hacia el final del Concilio los obispos acordaron que la Iglesia necesitaba trabajar más por la Justicia y la Paz. Uno de sus documentos -la Gaudium et Spes- aborda este tema:

“El Concilio, considerando las inmensas calamidades que oprimen todavía a la mayoría de la humanidad, para fomentar en todas partes la obra de la justicia y el amor de Cristo a los pobres, juzga muy oportuno que se cree un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional” (Constitución Pastoral La Iglesia en el Mundo Moderno #90)

En el Sínodo por la Justicia, que tuvo lugar en Roma en 1971, los obispos discutieron cómo la Iglesia debía trabajar por la Justicia y la Paz. Hacia el final del Sínodo, los obispos decidieron establecer una Comisión Pontificia para la Justicia y la Paz. También decidieron que cada Conferencia Episcopal debía establecer una comisión de Justicia y Paz, y que cada obispo debía establecer en su diócesis una comisión de Justicia y Paz. La Comisión Pontificia de Justicia y Paz se estableció en Roma en 1967.


Las Conferencias Episcopales de todo el mundo, en sus cartas pastorales, están condenando las injusticias, la guerra y la violencia y están hablando valientemente en favor de la justicia y la paz en el nombre del Evangelio:

Obispos de once países industrializados occidentales (Europa Occidental, Canadá y los Estados Unidos) han formulado durante los últimos treinta años un programa de justicia socio-económica dirigido a hacer realidad una sociedad que manifieste solidaridad y responsabilidad, y donde todos puedan participar de una manera proporcional. Grandes problemas sociales como el desempleo, la pobreza y la migración exigen muchísimo de la comunidad de los fieles y los obispos piden una respuesta adaptada y fuerte/poderosa a la luz del mensaje bíblico. Los obispos emplean una variedad de expresiones para influir en la opinión pública y dar orientación hacia las soluciones deseadas por ellos. Esto resulta en cartas pastorales y consejos, informes, entrevistas, sermones, conferencias de prensa y manifestaciones de protesta.


La Asamblea Especial para África del Sínodo de Obispos que se reunió en Roma en 1994 fue franca en su condena de la injusticia en África. Los Padres del Sínodo hablaron acerca del tribalismo, del nepotismo, de la sed de poder, de la intolerancia religiosa y de la existencia de “cámaras de tortura”. Reclamaron la creación de comisiones de Justicia y Paz en África. Instaron a los gobiernos africanos a alejarse de los gastos militares y a poner más énfasis en la educación, la salud y el bienestar de sus pueblos.

Los Padres del Sínodo también criticaron los intereses foráneos por su manipulación y apoyo para líderes africanos corruptos, la descarada venta de armas para lucrar y las condiciones casi imposibles impuestas a los pueblos a través de préstamos. Convocaron al FMI y al Banco Mundial “a aliviar las deudas aplastantes” de las naciones africanas, y pidieron a las conferencias episcopales de todo el mundo y a toda la gente de buena voluntad desarrollar “una opinión pública de apoyo” para este y otros temas (cf. Mensaje del Sínodo, # 41-42). (del Manual de promotores de JPIC, Roma, 1997)


Y en la Exhortación Apostólica “Ecclesia in América” (1999) el Papa Juan- Pablo II dijo:

Se propone, en primer lugar, «que los cristianos católicos, Pastores y fieles, fomenten el encuentro de los cristianos de las diversas confesiones, en la cooperación, en nombre del Evangelio, para responder al clamor de los pobres, con la promoción de la justicia, la oración común por la unidad y la participación en la Palabra de Dios y la experiencia de la fe en Cristo vivo». (187)

La economía globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una economía globalizada, y ante las exigencias del bien común internacional. En realidad, « la doctrina social de la Iglesia es la visión moral que intenta asistir a los gobiernos, a las instituciones y las organizaciones privadas para que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A través de este prisma se pueden valorar las cuestiones que se refieren a la deuda externa de las naciones, a la corrupción política interna y a la discriminación dentro [la propia nación] y entre las naciones ». (203)

La visión del ministerio de JPIC se inspira en el plan de Dios para el mundo e invita a todos los cristianos a la acción para una justa transformación de nuestro mundo.
JPJC trabaja para construir un mundo en donde toda la gente pueda vivir como una familia amante. JPIC hace esto para contribuir a la transformación del mundo y prepararle el camino al Reino de Dios.


Las metas de JPIC son:

* Ayudar a los individuos y a los grupos a concientizarse sobre los sufrimientos, las injusticias, las divisiones y la violencia en nuestra sociedad.
* Hacer conciencia entre la gente acerca de las causas de los sufrimientos y de la pobreza, y reconocer las implicaciones sociales de la fe.
* “Empoderar” a la gente, para trabajar por una sociedad más justa donde sean respetados los derechos humanos básicos que toda la gente tiene para la comida, el agua, el abrigo, la educación, el empleo, la salud y la participación política y social.
* Ayudar a la Iglesia en la predicación y en la acción promotora de la Justicia y la Paz a favor de los pobres, los marginados, los minusválidos y los oprimidos.

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