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MISIONEROS LAICOS DEL VERBO DIVINO
“Pienso que hoy es hora de desarrollar una expresión laical del carisma del Fundador que tiene que venir precisamente de los laicos. Y espero que estos encuentros sean ocasión para iniciarla”, decía el P.Antonio Pernia, superior General de la Congregación del verbo Divino. Era la tarde del sábado 9 de abril de 2011 y el salón principal de la casa de retiro de La Florida se hacía estrecho para acoger a los numerosos invitados provenientes de distintos ámbitos del quehacer pastoral de la SVD en Chile. El P. Antonio Pernia concluía así su intervención donde había presentado a los laicos una visión panorámica de la Congregación a nivel internacional.
Responder al desafío
Varios de los presentes acusaron recibo del desafío del P.General, uno tomó la iniciativa de invitar a algunos de ellos a reunirse y en ambiente orante los convocados reconocieron que estaban allí animados por un propósito común y que era urgente trazar un itinerario que esperaban los condujese a lo que percibían como meta. La primera constatación era que todos habían sentido el llamado que, a través de sus hijos verbitas, les había hecho el propio Padre Arnoldo Janssen. Y luego, que se sentían animados y motivados a dar un nuevo paso: sumarse formalmente al proyecto misionero de Arnoldo Janssen, desde la realidad del mundo laico.
En definitiva el proyecto era iniciar una comunidad misionera laica que compartiera el carisma y la espiritualidad que San Arnoldo Janssen le imprimió a las congregaciones misioneras por él fundadas: Los Misioneros del Verbo Divino, las Misioneras Siervas del espíritu Santo y las Siervas del Espíritu Santo de la Perpetua Adoración.
Aprender de otras experiencias
Por cierto, no era la primera iniciativa misionera en Chile ni menos aún en el contexto internacional. En nuestro país hubo intentos por organizar a los laicos en un movimiento misionero, pero estos emprendimientos perdieron fuerza o simplemente desaparecieron, aunque algunos vestigios de estas comunidades misioneras se pueden encontrar en algunas comunidades de otras regiones del país.
Sin duda, lo que ha arrojado mejores resultados son los núcleos misioneros circunscritos a determinados colegios o parroquias y que actúan al amparo de ellos, aunque sus iniciativas misioneras están volcadas hacia otras comunidades. Ellos se autodefinen como verbitas y están relativa o definitivamente organizados con propósitos claros y tareas concretas.
Articular y avanzar
Creemos que ha llegado la hora de invitar a estos grupos a coordinarse entre sí, a articularse y a fortalecer una fisonomía común, estableciendo determinados vínculos, pero respetando su autonomía y objetivos. La triple tarea de la asociación para comenzar sería, luego de instituida:
animar los vestigios, la mecha que aún humea, de las comunidades misioneras surgidas por iniciativas anteriores,
motivar la articulación de los grupos misioneros creados en colegios y parroquias y
fundar comunidades misioneras laicas allí donde no existan.
Lo novedoso de esta iniciativa
Si se compara con las iniciativas anteriores, éste es un proyecto eminentemente laico, que ha surgido por iniciativa de los fieles laicos, aunque pretende cultivar una fiel adhesión al carisma y espiritualidad verbita y fortalecer los vínculos con la Congregación. De hecho, cobró vida luego de la invitación que hiciera el propio el Padre General Antonio Pernia en su reciente visita a Chile: plasmar una expresión laica del carisma y la espiritualidad de Arnoldo Janssen. Sin embargo no hay que olvidar que el P.General sembró la semilla de este movimiento en un terreno labrado intensamente por los misioneros de la Congregación en Chile. La conciencia de la responsabilidad misionera de los laicos vinculados a la obra verbita se debe en gran parte al trabajo paciente y dedicado de sus miembros y a la disposición que han demostrado muchos de ellos a compartir su espiritualidad y carisma.
Identidad y pertenencia
Pero los laicos acompañados por la SVD, no solo han crecido en conciencia misionera, sino que también en identidad y pertenencia con la particular obra de la Congregación. El estilo del Verbo ha alentado en los laicos una creciente identificación con la espiritualidad y carisma que el santo fundador Arnoldo Janssen quiso imprimirle a sus obras. Una espiritualidad trinitaria y encarnada que nutre la vida comunitaria e impulsa constantemente a ir más allá de las fronteras en un constante salir al encuentro del hermano, superando el aislamiento.
Podríamos decir que la Congregación del Verbo Divino, con el testimonio de vida de muchos de sus miembros, nos ha contado a nosotros cómo es Dios. Así hemos entendido y experimentado que Dios es comunidad que respeta y valora la diversidad. Lo hemos palpado en el desafío que los verbitas han asumido como permanente de “latir juntos”, de compartir corazón, en medio de la diversidad racial y cultural que les son características. Hemos entendido que la misión se origina en el seno de la Trinidad y que el pueblo fiel, formado por laicos y clérigos, participa de esta gran demostración del amor de Dios hacia la creación.
Este tiempo de cercanía con el Verbo Divino les ha permitido a los laicos descubrir que la misión es el desborde del amor trinitario hacia las personas y hacia la creación entera y que por tanto es dinámica, gratuita y está siempre atenta a los latidos del corazón del mundo. No es evasión y consuelo en un valle de lágrimas sino que exige coherencia con las propuestas del Evangelio y respuestas concretas a las necesidades de las personas y el entorno.
En momentos en que el pueblo fiel está asumiendo responsabilidades mayores en todas las áreas eclesiales, el estilo misionero verbita, las notas distintivas de su identidad y quehacer, que han atraído y entusiasmado a muchos laicos, pueden convertirse en un modelo a imitar, en una forma de ser discípulos misioneros y de participar en la misión originada en el seno de la Trinidad.
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