Asamblea General sobre la Vocación del Hermano
Homilía del P. General
Antonio M. Pernia, svd
Creo que la primera palabra que debe ser pronunciada al comienzo de nuestra asamblea es aquella que todos ya conocen – pero que hay que repetir todo el tiempo – es decir, que lo que aquí tenemos en mano no es una Asamblea de los Hermanos, sino una Asamblea sobre la Vocación del Hermano en la Congregación. Así, esta asamblea es un evento no sólo para los Hermanos, o sólo de los participantes oficiales, sino de la Congregación toda. Queremos que así sea, primero por medio de la presencia de cuatro miembros del Generalato, luego por la presencia de los cuatro coordinadores zonales, y finalmente, por la presencia de algunos acompañan a los Hermanos de las cuatro zonas como participantes clave de la asamblea.
Se dice a menudo que en nuestra Congregación tenemos sólo una vocación que es vivida en dos formas diferentes, como Hermanos y como sacerdotes. Nuestra vocación común está dirigida a testimoniar el Reino de Dios por la proclamación de Su Palabra y construyendo comunión en la Iglesia y en la sociedad – los sacerdotes por medio del servicio ministerial de cuidado pastoral y los Hermanos a través del servicio profesional de promoción humana. Así, a través de nuestros Hermanos y sacerdotes, nuestra congregación está comprometida en la comunión humana en el mundo así como también en la comunión eclesial en la Iglesia. Pero mientras las formas de ministerio pueda variar, las énfasis de nuestro testimonio puedan diferir, los estilos de vivir nuestra misión verbita puedan ser diferentes, todos nosotros compartimos un único y mismo llamado verbita. Todos somos testigos del Reino de Dios, heraldos de Su Palabra, constructores de comunión.
Lo que es más, existe una compenetración de nuestra vocación como Hermanos y sacerdotes en nuestra congregación. Hay un aspecto fraterno en la vocación de sacerdote, así como hay una dimensión sacerdotal en la vocación del Hermano en la congregación. Es decir, todo sacerdote está llamado a ejercitar su servicio ministerial en vista a la comunión del mundo, así como todo Hermano está llamado a ejercitar su servicio profesional en términos de la comunión eclesial en la Iglesia. Los Hermanos entre nosotros ayudan a recordar a los sacerdotes que la comunión eclesial no puede permanecer una realidad intra-eclesial. Debe fluir dentro de la sociedad más grande y del mundo entero. Similarmente, los sacerdotes entre nosotros, ayudan a recordar a los Hermanos que la comunión en el mundo no puede ser sólo una búsqueda secular. Debe estar enraizada y nutrida por la vida de la Iglesia.
Así pues, hay un Hermano en cada sacerdote de la congregación, como también un sacerdote en cada Hermano en la congregación. La vocación a Hermano no es un sector de la congregación, ni tampoco la vocación sacerdotal otro sector de la SVD. Más aún, la vocación a Hermano es un elemento esencial en la SVD que caracteriza a ambos, Hermanos y sacerdotes, más a los Hermanos pero también a los sacerdotes. De la misma manera, la vocación sacerdotal es otro elemento esencial de la SVD que caracteriza a ambos, sacerdotes y Hermanos, más a los sacerdotes pero también a los Hermanos. Por eso, cuando decimos que la SVD comprende ambas vocaciones, al sacerdocio y a Hermano, no estamos diferenciando dos grupos en la congregación. Más bien, queremos decir que hay dos elementos esenciales de nuestra vocación que caracterizan a ambos, sacerdotes y Hermanos, en una medida mayor o menor.
Hoy celebramos la fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y quizá podemos tomar una clave de estos dos pilares principales de la primera Iglesia. Por supuesto, sería incorrecto presentar a Pedro y a Pablo como modelos de sacerdote o de Hermano en nuestra congregación. Después de todo, la ordenación sacerdotal y la profesión religiosa llegaron mucho más tarde en la historia de la Iglesia. Pero así como los Hermanos y los sacerdotes en nuestra congregación, ambos Pedro y Pablo compartieron la misma vocación y llamado, pero vivieron su vocación y su misión de diversas maneras – Pedro, a cargo del cuidado de los creyentes que se habían congregado en la Iglesia, y Pablo, encargado de salir al mundo a llamar a quienes aún no habían sido congregados. Pedro es el pastor por excelencia, y Pablo el primer y más grande misionero.
Aún así, como los Hermanos y los sacerdotes en la SVD, podemos decir que hay un Pablo en Pedro y hay un Pedro en Pablo. Pues Pedro mismo estaba abierto a la inclusión de los gentiles en la Iglesia, y Pablo dedicó tiempo no sólo a fundar iglesias locales sino también a fortalecer la fe de aquéllos que formaban parte de las iglesias que él había fundado. Ambas preocupaciones, “ad-intra” y “ad-extra”, eran elementos esenciales de la primera Iglesia. Y estos dos elementos caracterizaron a ambos, a Pedro y a Pablo – uno más en Pedro y menos en Pablo, y el otro más en Pablo y menos en Pedro. Y no importa cuán diversos or ysus roles fuesen, ambos escucharon el mismo llamado de seguir al Se compartir Su Misión. Ambos estaban animados por el mismo encuentro personal con or. Ambos estaban animados por la misma fe profunda en Jesús como elel Se Cristo.
Ambos, Pedro y Pablo, pertenecían a diferentes orígenes. Pedro, un sencillo pescador de Galilea, y Pablo, un educado seguidor de la Ley proveniente de Tarso. Pero sus caminos se cruzaron en eso conocido como Jesucristo. Su encuentro con el Maestro comienza con una pregunta. En el caso de Pedro: “Quién dice la gente que soy?” En el caso de Pablo: “Pablo, Pablo, por qué me persigues?”. Y termina en una misión entregada a cada uno. A Pedro: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia.” A Pablo: “Lo he elegido como instrumento para llevar mi nombre a los gentiles.”
Queridos Hermanos, creo que hay mucho por aprender de Pedro y de Pablo acerca de cómo compartimos la misma vocación vivida de diversas maneras. Que nuestra ada por las oraciones deAsamblea sea guiada por el Espíritu Santo y acompa Pedro y Pablo. Que aprendamos de Pedro y Pablo que hay un Hermano en aquellos de nosotros sacerdotes, y que hay un sacerdote en aquellos de nosotros Hermanos. or yPues, sea como Hermano o como sacerdote, estamos llamados a seguir al Se compartir su misión en la SVD – testigos del Reino de Dios, proclamando su Palabra y construyendo la comunión en la Iglesia y en el mundo.